
Siempre le doy importancia a los detalles. Creo firmemente que la diferencia radica en esas pequeñas cuestiones que pueden pasar desapercibidas, pero cuya ausencia siempre se echa de menos, como las sonrisas. Y la novela de Rosa está llena de pequeños detalles que hacen de ella una novela que apetece recomendar.
Empecemos por el título. Entre dos aguas no es un mero título. Es un aviso que desvela sutilmente que los acontecimientos enfrentan a la dualidad; a la encrucijada de tener que decidir, de tener que tomar partido, muchas veces sin quererlo.
La comisaria Cornelia Weber-Tejedor no es ajena a esta dualidad. La combinación del apellido nos indica los orígenes de esta mujer, de padre alemán y madre española, concretamente gallega, que la hacen debatirse en conflictos con sus raíces latinas.
No nos ceñiríamos a toda la verdad si no admitiéramos que nos alegra enormemente dar entrada en el género a una mujer policía con cargo, que además tiene bajo su mando a dos hombres, Fisher, el más veterano y Müller, el más joven incorporado.
“Después de las presentaciones les dirigió una mirada que Cornelia ya conocía: estaba reajustando las jerarquías. Contra sus expectativas iniciales, la mujer no muy alta, seguramente de su misma edad, rubia y con la nariz ligeramente torcida, era la jefa. El cincuentón con cuerpo de boxeador maduro, el pelo grisáceo, corto, peinado en pinchos y unas cejas todavía oscuras y pobladísimas, era el segundo. A partir de ese momento, el hombre del traje gris se dirigía siempre a la comisaria en primer lugar” (p.11-12).
Es probable que los más avispados comparen a Cornelia con Petra Delicado o con Anastasia Kaménskaya, pero eso sería quedarse tan solo con lo más obvio. La comisaria Weber-Tejedor nos gusta, no sólo por su condición de mujer, sino precisamente por huir de ciertos estereotipos tan manidos en la novela negra actual. Cornelia es mujer y se maneja como mujer entre sus compañeros, sin necesidad de ser una superwoman en su lucha contra los malos o perder toda su feminidad en el intento.
La novela de Rosa Ribas se desarrolla en la ciudad de Frankfurt, con la aparición de el “maño de Lugo” ahogado en el Meno. La muerte conducirá a la comisaria a investigar en la comunidad gallega residente en Frankfurt, una cuestión muy próxima para Cornelia y que Rosa desarrolla con habilidad. Porque la inmigración dice mucho del talante del país en el que se reside y del trato real que se dispensa.
Resulta evidente también el cuidado detalle en la construcción de pequeños universos para cada uno de sus personajes, permitiéndonos como buenos voyeuristas indagar en esas vidas ajenas
Quién haya leído la novela espero que se haya fijado en los títulos de cada capítulo. No son meros encabezados, sino pequeños guiños simpáticos que encadenan cada ladrillo, con una estructura muy bien calculada. Porque nos consta que Rosa reflexiona mucho el andamiaje.
No podemos olvidar la portada –en la versión castellana- nos muestra una excelente combinación de negros, grises y amarillos, tan fieles a la tradición polar.
Un libro cuidado, en su más mínimo detalle.